Instantánea del Arzobispo de Mérida-Badajoz, Monseñor José Rodríguez Carballo, en el acto de apertura de la Puerta Santa de la Catedral de Badajoz.

La apertura de la Puerta Santa marcó el comienzo de la conmemoración del 750 aniversario de la consagración de la Catedral de San Juan Bautista de Badajoz y el inicio del Año Jubilar concedido con motivo de esta efeméride.

Este 17 de septiembre de 2026, exactamente setecientos cincuenta años después de la consagración de la Catedral de San Juan Bautista de Badajoz, el templo vivió uno de los hitos centrales de su conmemoración. La Iglesia diocesana, autoridades y representantes de la vida institucional y social de Badajoz y Extremadura, junto a numerosos fieles, se reunieron para abrir un Año Jubilar que enlaza la memoria de lo recibido con el camino que ahora comienza.

La celebración recogió distintos momentos —la apertura inicial en el Arzobispado, la procesión, el rito ante la Puerta Santa y, por último, la Eucaristía—. El aniversario fue presentado como una invitación a conocer, cuidar y transmitir el legado histórico, artístico, espiritual y patrimonial de la Catedral.

La jornada comenzó en el Arzobispado, con la recepción de las autoridades e instituciones participantes en la procesión. Antes de la salida, D. David Martínez realizó una lectura inicial. A continuación, Mons. José Rodríguez Carballo, arzobispo metropolitano de Mérida-Badajoz, dirigió unas palabras a los presentes con las que situó el sentido de la celebración.

En su intervención, el arzobispo evocó los setecientos cincuenta años durante los que la Catedral ha acogido la oración y la esperanza de generaciones de cristianos y propuso vivir este Año Jubilar como un tiempo de renovación de la fe, comunión y apertura a Cristo. Asimismo, recordó las palabras del Evangelio de san Juan: «Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará», y presentó el recorrido hacia la Catedral también como un camino interior.

«De la indiferencia a la fe, del pecado a la gracia, de la división a la comunión y del temor a la esperanza».

Tras las palabras del señor arzobispo comenzó la procesión hacia la Catedral, acompañada durante el recorrido por el canto de las letanías. En la salida, D. David Martínez avanzaba en primer término. Tras él, inmediatamente, la cruz procesional, flanqueada por dos ciriales, marcaba el inicio de la comitiva litúrgica. A continuación, participaban representantes de hermandades y cofradías, delegados laicos y representantes de las parroquias y de la vida consagrada, diáconos y presbíteros, obispos y el arzobispo; tras ellos, autoridades y miembros de los consejos vinculados a la Catedral y al 750 aniversario.

A ambos lados del recorrido, numerosos vecinos y fieles acompañaron la procesión hasta la Puerta de San Juan, convertida en Puerta Santa para este Año Jubilar.

Con la llegada a la Catedral, comenzó el rito previsto ante la Puerta Santa, en el que D. Pedro Fernández Amo, deán de la Catedral, dio lectura al documento procedente de Roma relativo a la concesión del Año Jubilar y de la indulgencia plenaria.

Seguidamente, D. Carlos Torres, canciller de la Archidiócesis, leyó el mensaje remitido por el papa León XIV a través de la Nunciatura Apostólica, en el que el Santo Padre trasladaba su felicitación y se unía espiritualmente a la celebración de este Año Jubilar.

Tras las lecturas, Mons. José Rodríguez Carballo pronunció la oración ante la Puerta Santa y se realizaron las tres invocaciones previstas en el rito. Tras ello llegó el gesto central del acontecimiento: el arzobispo procedió a empujar y abrir la Puerta Santa, y las campanas de la Catedral acompañaron dicho momento. La referencia evangélica a Cristo como puerta —«Yo soy la puerta»—, anunciada ya al comienzo de la celebración en el Arzobispado, dio sentido simbólico a la apertura y al camino jubilar que daba comienzo.

Con este gesto se hizo visible el inicio de un Año Jubilar en el que la Catedral se convertirá de manera especial en lugar de peregrinación, encuentro y celebración. La procesión accedió después al interior del templo para continuar con la Eucaristía.

Ya en el interior, con una procesión encabezada por el señor arzobispo hasta el altar, dio comienzo la Eucaristía solemne. La celebración contó con el acompañamiento musical del Coro «Francisco Barroso» de la Catedral de Badajoz, dirigido por D. Fernando Domínguez Cadenas, y del Coro «Manuel Domínguez» de la Capilla de la Basílica de Santa Eulalia de Mérida, dirigido por Ángel de Miguel Jiménez. Ambas formaciones acompañaron los distintos momentos litúrgicos y contribuyeron a la solemnidad de la jornada.

Durante la homilía, el arzobispo invitó a contemplar los setecientos cincuenta años desde la gratitud y la responsabilidad. Presentó a la Catedral no solo como un edificio de extraordinario valor histórico y artístico, sino como la iglesia madre de la comunidad diocesana, espacio de comunión y testigo de la fe de las generaciones que la han precedido.

Con ello, la conmemoración adquiere así un sentido que mira simultáneamente al pasado, al presente y al futuro: conocer la historia recibida, conservar su patrimonio y mantener viva la misión que ha dado sentido al templo durante siglos.

El acontecimiento reunió una amplia representación eclesial, institucional y social. Junto al arzobispo de Mérida-Badajoz participaron obispos y arzobispos de otras diócesis, miembros del Cabildo Catedralicio, sacerdotes y miembros de la vida consagrada.

También acompañaron la celebración representantes de las principales instituciones. Entre las autoridades asistentes se encontraban D. Ignacio Gragera Barrera, alcalde de Badajoz; Dña. María Félix Tena Aragón, presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura; Dña. Sara García Espada, consejera de Salud y Atención a la Dependencia de la Junta de Extremadura, en representación de la presidenta de la Junta; Dña. María Isabel Cortés Gordillo, subdelegada del Gobierno en Badajoz; D. Ramón Díaz Farias, vicepresidente tercero de la Diputación de Badajoz, en representación de su presidenta; y D. Antonio Cavacasillas Rodríguez, diputado por Badajoz.

Junto a ellos, participaron responsables de las áreas de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura, representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y de las Fuerzas Armadas, así como miembros de universidades e instituciones culturales, fundaciones, entidades sociales y otros organismos vinculados a la vida de Badajoz y Extremadura.

El templo se llenó de numerosos asistentes que quisieron participar en una fecha especialmente significativa para la Iglesia diocesana y para nuestra ciudad. La presencia de fieles, comunidades religiosas, sacerdotes, instituciones y visitantes convirtió la jornada en una celebración compartida en torno a la Catedral.

Ocho luces entre la memoria y el futuro

Tras la Comunión tuvo lugar uno de los gestos más simbólicos de toda la celebración. Siete lámparas, inicialmente apagadas, fueron encendidas como signo de los siglos de historia de la Catedral y de las generaciones que, desde su consagración, han mantenido viva en ella la fe.

Con este gesto se quiso recordar a quienes levantaron y cuidaron el templo, a los obispos y sacerdotes que en él sirvieron, a las familias que transmitieron la fe y a tantos hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, encontraron en la Catedral un lugar para rezar, celebrar y tener esperanza.

Una vez encendidas, fueron transportadas por distintos miembros del pueblo de Dios hasta la columna en la que permanecen las cruces de la consagración de la Catedral, vinculando así la luz de las generaciones presentes con la memoria de aquel 17 de septiembre de 1276 en el que el templo fue dedicado al culto.

A ellas se sumó una octava lámpara, distinta de las anteriores y orientada hacia el futuro. Esta lámpara votiva permanecerá encendida en el presbiterio durante todo el Año Jubilar como recordatorio de que el legado recibido debe continuar transmitiéndose a las generaciones futuras.

Como expresó durante el propio rito D. Pedro Fernández Amo, deán de la Catedral, será una «memoria encendida»: signo de una fe que no pertenece únicamente a quienes la han recibido, sino que debe ser conservada y entregada a las generaciones que vendrán.

La dimensión solidaria también estuvo presente en esta celebración, ya que la colecta de esta Eucaristía se destinará a un proyecto solidario vinculado al Jubileo, integrado en el Fondo Diocesano de Solidaridad.

La celebración no se limitó a los muros de la Catedral. Durante la noche del 17 de septiembre, el Palacio Municipal, el Puente Real y el Fuerte de San Cristóbal se iluminaron con motivo del 750 aniversario de la consagración de la Catedral.

El gesto, que fue visible desde distintos puntos de Badajoz, se sumó a esta conmemoración, estrechamente ligada a la historia de la ciudad, y reforzó la voluntad de compartir este aniversario con la sociedad y acercar a la ciudadanía el patrimonio histórico, artístico, espiritual y cultural de la Catedral.

Un año que comienza

El 17 de septiembre no fue únicamente la evocación de una fecha histórica; con él, además, dio comienzo un año de celebración con un programa que se desarrollará hasta septiembre de 2027, compuesto por numerosas propuestas religiosas, culturales, patrimoniales y divulgativas.

Dentro de esta conmemoración se desarrolla el Año Jubilar, abierto hasta el 17 de septiembre de 2027, que contará, entre otras iniciativas, con peregrinaciones y celebraciones dirigidas a las distintas realidades de la Archidiócesis. A ello, además, se sumará una programación destinada a profundizar en el conocimiento de la Catedral y a acercar sus setecientos cincuenta años de historia a nuevos públicos.

El aniversario busca mirar hacia atrás sin quedarse en el pasado: reconocer el legado recibido, conservarlo y proyectarlo para las generaciones futuras. La apertura de la Puerta Santa simbolizó, por tanto, el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de la Catedral Metropolitana de Badajoz. Setecientos cincuenta años después, una nueva puerta se abre en la historia de la Catedral.

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